¿Compartir piso o subarrendar habitación?

Compartir piso suena bien. Subarrendar habitación no suena apetecible.

Compartir piso inspira buen rollo, transmite la idea de que por la vida se viaja mejor acompañado.

Todos hemos tenido buenas experiencias compartiendo piso: la fiesta que montamos aquel viernes, el ligue que llevamos a nuestra habitación, las tardes de tele y sofá con los compañeros de piso, etc.

Recuerdo perfectamente la primera vez que compartí. Éramos cuatro estudiantes universitarios y vivíamos en un piso del centro. Como el nuestro, había incontables pisos compartidos a lo largo de la ciudad. Cada uno con su grupito.

Compartimos roturas de corazón, chupitos y gastos de piso a partes iguales. No estaba subarrendado una habitación a un tercero: todos pagábamos lo mismo y teníamos los mismos derechos y obligaciones. 

Por el contrario, la idea de subarrendar habitación no suena apetecible. 

Implica hacer un trato monetario con un desconocido y entrar a vivir con un conjunto de personas de las que no sabes nada. 

Las posibilidades de que surja algún malentendido son altas: hay un intercambio económico recurrente con alguien que solo conoces de una entrevista y una visita. Las normas y hábitos de convivencia no suelen quedar claros de entrada y realmente no sabes quiénes son los ¿compañeros de piso? convivientes. No solo estás pagando de más, sino que, allí, no hay ese feeling, no hay comunidad. 

Al igual que muchos otros, y quizás al igual que tú, después de compartir piso en la ciudad universitaria de provincias en la que me saqué la carrera, subarrendé una habitación en Barcelona. Quizás tú lo hayas hecho en Madrid o en cualquier otra.

Encontré personas de todo tipo y te podría contar mil anécdotas positivas (y negativas) que estoy seguro, no distan mucho de las que podría escuchar de tu boca. Algunas, si no las hubiera vivido, me costaría creer.

Al final, saqué una conclusión en claro: compartir con gente conocida, compartiendo gastos y responsabilidades suele ser fantástico. Subarrendar es jugar a la lotería y algunas veces termina acabando mal. 

Reflexioné sobre por qué pasaba eso y me di cuenta de que había tres diferencias principales entre compartir y subarrendar: 

1) Conocer previamente (o no) a las personas con las que se iba a convivir.

2) Montar el piso conjuntamente y a la vez con estas.

3) Pagar a partes iguales y tener los mismos derechos y condiciones. 

También vi que había infinidad de plataformas en el mercado en las que podía buscar una habitación, pero que no había ninguna en la que pudiese buscar compañeros para montar un piso des de cero. Es decir, con los que pudiese coarrendar. 

Con este objetivo, creamos la App homesy. En ella encuentras a personas, que, como tú, se han cansado de buscar habitación y han empezado a buscar personas afines

¿De habitaciones en alquiler a coarrendar piso conjuntamente?

Como ya habrás experimentado lo que es vivir en habitaciones en alquiler no hace falta que diga que encontrar a los compañeros ideales es como una caja de bombones; que salga el bueno es puro azar.

Como decía Forrest Gump; nunca sabes cuál es el que te va a tocar. 

Personalmente me he encontrado de todo: desde gente que deja los platos por fregar en la cocina días y días, ¿quizás esperando que se materialice su madre para fregarlos?, hasta los que dejan el baño hecho un estercolero, como si no existiera un mañana. 

La mayoría de las veces esto pasa porque cuando sub-alquilamos una habitación entramos a vivir en un piso en el que sólo conocemos al que lo tiene alquilado y solo de haber hecho una simple entrevista. En el mejor de los casos, al resto de inquilinos, sólo los ves de pasada antes de entrar a vivir. 

Como no conocemos bien a las personas que viven allí y nos estamos añadiendo a un ecosistema ya formado, la probabilidad de que una persona no nos encaje y no peguemos ni con cola, es grande. 

Al final, la solución que muchos acaban encontrando es irse de ese piso y encontrar otro, arriesgándose a correr la misma (mala) suerte. 

¿Cuál es la solución?

Quizás no lo hayas escuchado nunca, o quizás sí. Es un concepto que se originó hace unos años precisamente para solventar este problema y dar más seguridad a todos los inquilinos. Se trata del concepto de co-arrendar.

Coarreandar; alquilar conjuntamente y a la vez el mismo piso, pagando todos lo mismo y estando todos en el contrato de alquiler. Es la solución ideal a los problemas que genera sub-alquilar una habitación a un tercero y entrar a vivir en un piso con desconocidos.

¿Cuáles son las ventajas?

Comunidad: la clave es coarrendar con personas afines, con las que uno encaje, evitando así el “jugar a la lotería” que supone entrar a vivir en un piso sin haber conocido bien a los que lo comparten.

La forma de materializar una comunidad bien avenida es muy fácil; tomar unas cervezas o un café (bien largo) con las personas con las que nos planteemos convivir. Exponer como uno quiere vivir y saber cómo quieren hacerlo los otros de antemano. 

Si hay encaje, ¡adelante¡.

Pagar lo justo: coarrendar es igual a ahorrar dinero puesto que todos los que alquilan el piso pagan lo mismo. Nadie gana a costa de los demás.

Por el contrario, sub-alquilar una habitación es igual a pagar de más puesto que la persona que pone una habitación en alquiler no solo cubre gastos, sino que se saca un sobresueldo. 

¿Sabías que de media la gente que alquila una habitación a un tercero pagan un 30% más que si hubieran co-arrendado? Esto quiere decir que si la habitación te cuesta 500€ estás pagando 150€ de más que no deberías de pagar… sólo porque se la estas alquilando a un tercero.

👉 En homesy puedes conocer esas personas que como tú se han cansado de sub-alquilar habitaciones a extraños, entrar a vivir en pisos de desconocidos y pagar de más.